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Los parientes son simpaticos solo por un rato. Especialmente cuando hablamos de esos parientes que se encargan de hacernos sentir mal. ¿Mal en que sentido? Mal en el sentido de que no nos sentimos comodos en su presencia, mal en el sentido de que su presencia nos resulta muy incomoda.
Usted, seguramente, sabe muy bien de que parientes estamos hablando, de esos parientes que no paran de hablar, y hablar, y hablar, y cada cosa que dicen, cada palabra que sale de su boca, tiene doble intención. Es decir, que hablan para hacernos sentir, por lo menos, incomodos.
Por supuesto, queda mal decir esto, es politicamente incorrecto hablar de los parientes mal, porque son sangre de nuestra sangre, y se supone que debemos hablar bien de la sangre de nuestra sangre, de la carne de nuestra carne. Repitamoslo: se supone que debemos hablar bien de los parientes. Pero a veces, por cosas de la vida misma, uno no puede hablar bien de los parientes.
Por ejemplo, si esetos invaden su casa. Todos hemos tenido la desagradable sensación de sufrir una invasión en nuestra propia casa cuando nos visitan, de repente, sin previo aviso, parientes lejanos. Estos parientes que, usted lo sabe, no van a La Rioja con la intencion inocente de visitarlo. Parientes que van hasta su casa con la intencion de obtener algo de usted. ¿De obtener que de usted? Material para sus chismes.
Por eso, logicamente, apenas esos intrusos pisaron su humilde hogar usted ya es una maquina de culpa enchufada y funcionando. ¿Que pensaran de esa pared? ¿Que diran de esa mancha de humedad? ¿Que opinaran de la rajadura de ese cuadro? ¿Que le comentaran a los demas de esas leves cucarachas que corren por los rincones oscuros? Preguntas incomodas pero preguntas que, al fin y al cabo, todos nos hacemos.
Lo unico positivo que puede sacarse de esto es que nos permite echar, a traves de los ojos de un tercero, una mirada completamente desapasionada hacia nuestro hogar, permitiendo darnos cuenta la gran cantidad de detalles que llevamos meses enteros -o tal vez años- sin corregir.
Por eso, una vez que se van los molestos parientes, usted debe llamar a Reforcam, una empresa que se dedica a la reformas en Madrid y cuenta como aval de su trabajo el testimonio satisfecho de centenares de clientes cuya vida cambio para siempre despues de llamarnos.
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